Después de varios intentos el inglés Stephenson logró poner en funcionamiento este nuevo sistema de transporte. Inmediatamente se vio que el ferrocarril tenía grandes ventajas sobre los sistemas de transporte terrestre habituales (carros, carruajes tirados por caballos, diligencias).
En 1830 se inauguró la primera línea férrea para viajeros y mercancías entre Manchester, centro de la industria textil, y el puerto de Liverpool.
El ferrocarril supuso una revolución del transporte: un carro tirado por mulas podía llevar hasta 10 toneladas de mercancía; los primeros trenes transportaban ya 1000 toneladas. En cuanto a la velocidad, las diligencias para viajeros recorrían entre 6 y 8 Km por hora; los ferrocarriles comenzaron alcanzando velocidades superiores a los 20 Km./h y fueron aumentando su velocidad progresivamente.
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